💔TRAGEDIA AL VOLANTE: EL ÚLTIMO VIAJE DE DON MARIO, CHÓFER EN EL CAMIONAZO DE LA SALIDA A DELICIAS, “TE VAMOS A EXTRAÑAR”
Alejandro Daniel García Ferrel

La madrugada aún no terminaba de desperezarse cuando la carretera se convirtió en escenario de una tragedia que dejó más que cifras: dejó historias truncadas.
Al volante iba un hombre cuyo nombre, como suele pasar en estos casos, queda opacado por el estruendo del accidente.
Era el chofer del camión que, en cuestión de segundos, pasó de ser guía de un trayecto cotidiano a convertirse en una de las víctimas mortales.
Don Mario Rodarte, chófer del autobús “Rhino” accidentado, fue despedido en redes sociales por sus colegas, familiares y amigos.
En su mensaje recuerdan la última conversación que tuvieron en Facebook con él, a quien los conoven desde la década de los 80’s y hoy lamentan su repentina muerte.
“TE VAMOS A EXTRAÑAR”, escribieron en redes sociales como despedida de Don Mario. De acuerdo a la información,.el autobús avanzaba sobre la carretera federal de Delicias a Chihuahua por la zona del Libramiento Oriente, cuando todo terminó de forma abrupta. Un impacto seco contra una columna de concreto marcó el final del camino.
Se habla de cansancio, de un posible descuido, de ese enemigo silencioso que es el sueño al volante. Nada confirmado del todo, pero suficiente para entender que, a veces, basta un segundo para cambiarlo todo.
El golpe fue brutal. La parte frontal del camión quedó destrozada, como si el tiempo se hubiera detenido justo ahí, en el punto exacto donde la vida de cuatro personas —incluido el conductor— terminó.
Dentro viajaban pacientes que regresaban de recibir atención médica, personas que probablemente iban pensando en llegar a casa, en descansar, en seguir con lo que quedaba de su rutina. Cinco de ellos sobrevivieron, pero con heridas que van más allá de lo físico.
El Don Mario, ese hombre que tomó el volante horas antes, también quedó atrapado en la parte más golpeada del autobús. Su historia terminó ahí, entre fierros retorcidos, sirenas y luces intermitentes.
En el lugar, el silencio pesa distinto. No es un silencio cualquiera: es ese que llega después del caos, cuando todo se detiene y solo quedan preguntas sin respuesta.
Autoridades acordonaron la zona, peritos comenzaron su trabajo y las ambulancias se llevaron a los heridos. Pero hay cosas que no se levantan con grúas ni se reparan con investigaciones.
Porque más allá de los números —cuatro muertos, cinco heridos— queda lo que siempre queda: ausencias, dolor y pesar. Y una carretera que, horas después, volvió a llenarse de vehículos… como si nada hubiera pasado.



