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¡TRISTE PANORAMA! SE AGRAVA LA SEQUÍA EN EL RÍO SAN PEDRO DE #MEOQUI Un “charco” donde antes corría vida

Alejandro Daniel García Ferrel

 

 

El rumor del viento se ha vuelto más fuerte que el del agua. Donde hace apenas unos años el Río San Pedro corría con un vaivén generoso, hoy solo queda un charco extendido, una lámina de agua temblorosa que refleja más cielo que corriente.

Los habitantes lo observan con un silencio incómodo, como quien mira a un viejo amigo perder fuerzas.

A lo largo del cauce, el olor a tierra caliente se mezcla con la vegetación reseca. Los troncos de árboles, antes sostenidos por la humedad del río, ahora crujen con un cansancio visible.

Las garzas y patos, visitantes tradicionales, vuelan bajo y dudan antes de posarse: no encuentran dónde alimentarse ni dónde descansar.

El San Pedro, reconocido como Sitio Ramsar, ha sido por años un refugio para especies emblemáticas: peces nativos y aves migratorias como Los pelícanos.

La gente de Meoqui, que creció viendo el río como un compañero constante, recorre hoy su ribera como quien revisa un recuerdo. “Nunca lo había visto así”, murmura un habitante mientras observa los bancos de arena que emergen, antes ocultos bajo agua fresca. Cada paso levanta polvo donde antes chapoteaban los niños.

El Río San Pedro no es solo un cuerpo de agua: es parte de la identidad y del pulso ambiental de la región.

Su debilitamiento deja una sensación de vacío, un recordatorio tangible de la fragilidad del entorno ante el calor prolongado de hace meses, la falta de lluvias y la presión sobre los mantos acuíferos.

Mientras las nubes pasan sin promesa de lluvia, la comunidad espera que el río resista un poco más.

Que ese “charco” que hoy sobrevive sea, al menos, una semilla de esperanza para el próximo ciclo. Porque de su recuperación depende no solo la vida silvestre, sino también la memoria y el futuro de Meoqui.

Alejandro Daniel García Ferrel

 

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