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DIFUNDEN NUEVA FOTOGRAFÍA DE MUJERES POLICÍAS ESTATALES BEBIENDO CERVEZA EN LA OFICINA DEL COMISIONADO

Alejandro Daniel García Ferrel

 

Oaxaca, Oax., 21 de agosto de 2026.— La Policía Estatal de Oaxaca enfrenta un nuevo escándalo que vuelve a poner bajo cuestionamiento la disciplina y la conducción de la corporación bajo el mando del comisionado Francisco Santiago García, conocido como “Jaguar”.

Apenas un día después de que circulara un video en el que presuntamente aparece uniformada la secretaria particular del jefe de Estado Mayor, Gilberto Hernández Villarreal (quien tomó el video y lo filltró), ahora se difundió una fotografía en la que aparecen tres mujeres policías con botellas de cerveza dentro de lo que sería la oficina del propio comisionado.

De acuerdo con información proporcionada por elementos de la corporación, una de las mujeres que aparece en la imagen sería Elizabeth Cruz Pérez, identificada como jefa de la oficina del Comisionado y cercana colaboradora de Santiago García.

En la fotografía, las tres mujeres, portando el uniforme policial, aparecen sentadas en los sillones de la oficina junto a varias botellas de cerveza de gran tamaño.

Más allá de la imagen y de las responsabilidades individuales que pudieran determinarse, el hecho vuelve a exhibir un problema de fondo: la aparente pérdida de disciplina al interior de una corporación cuya función exige precisamente lo contrario.

El caso cobra mayor relevancia porque no sería un episodio aislado. Elementos de la propia Policía Estatal han denunciado que el consumo de bebidas alcohólicas habría dejado de ser una situación excepcional dentro del cuartel de Santa María Coyotepec.

Incluso se ha señalado la realización de una calenda al interior de las instalaciones policiales, durante la cual presuntamente hubo consumo de bebidas alcohólicas y otras sustancias, hechos que, según las denuncias, fueron acompañados de videos y evidencias que habrían llegado al conocimiento de mandos superiores sin que hasta ahora se conozca una sanción contundente.

Si existen videos, fotografías y denuncias formales o internas sobre estos hechos, la pregunta inevitable es: ¿quién está investigando a los responsables y por qué no se han dado a conocer resultados?

Una corporación policial no puede funcionar bajo una lógica de privilegios para los allegados a los mandos. El uniforme implica obligaciones adicionales y una responsabilidad frente a la sociedad.

Por ello, el Gobierno del Estado y las instancias encargadas de supervisar a la Policía Estatal deberían ordenar una investigación imparcial que determine quiénes aparecen en las imágenes, dónde fueron tomadas, cuándo ocurrieron los hechos y si existió consumo de alcohol o sustancias prohibidas dentro de las instalaciones oficiales.

También sería necesario esclarecer si hubo encubrimiento, omisión de los mandos o aplicación selectiva de sanciones.

Porque el problema ya no parece limitarse a unas fotografías incómodas. Si las denuncias son ciertas y existen evidencias que fueron ignoradas, el verdadero escándalo no sería que algunos policías hayan convertido una oficina en cantina, sino que quienes tenían la obligación de impedirlo decidieran mirar hacia otro lado.

La Policía Estatal necesita disciplina, controles internos y rendición de cuentas. Lo que no puede convertirse en normalidad es que, mientras a la ciudadanía se le exige respetar la ley, dentro del propio cuartel presuntamente se tolere aquello que la institución está obligada a combatir.

Ahora corresponde a las autoridades investigar y sancionar, si así procede, sin importar qué tan cerca estén los involucrados del comisionado.

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