UN ALATAR DE AMOR: UNA CRUZ, VELADORAS Y FLORES DE COLORES PARA RECORDAR A LA PEQUEÑA IVANNA (video)
Alejandro Daniel García Ferrel

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Una cruz de madera sencilla, dos veladoras encendidas, un vaso con agua fresca y un ramo de flores multicolores marcan el sitio donde Ivana, de apenas ocho años, perdió la vida días atrás.
En un rincón de la carretera federal número 45, justo donde la tragedia tocó la vida de una pequeña, el paisaje se transformó esta mañana en un espacio de recogimiento, memoria y profundo amor.
No hay gran monumento ni discursos largos, pero en ese modesto altar se concentra el peso del dolor y la ternura que solo quienes han amado profundamente pueden comprender.
Allí, su familia, amigos y los mas allegados colocaron cada elemento con manos temblorosas y corazones rotos. Las flores, alegres en sus colores, contrastan con la tristeza del momento.
Las veladoras, parpadeantes, parecen querer alcanzar el cielo que ahora, se dice con un suspiro, es el nuevo hogar de Ivana.
La niña, risueña, inocente y muy querida por todos quienes la conocieron, dejó una huella imborrable..
En cada palabra, en cada gesto, se respira la impotencia de una pérdida, pero también la necesidad de que su recuerdo no se borre, de que su nombre siga vivo entre los que pasan por ese tramo de asfalto ahora transformado en símbolo.
Más allá del dolor, este altar es también una muestra de respeto a tradiciones a un descanso eterno y un llamado urgente a la conciencia.
La carretera 45, transitada, peligrosa y a menudo indiferente al paso humano, se ha cobrado muchas vidas. Hoy, con la memoria de Ivana presente, se levanta una voz silenciosa pero potente: debemos mirar, frenar, cuidar. La vida, frágil como una flor al viento, merece protección.
Mientras el sol cae y el murmullo de los autos continúa su marcha, las velas siguen encendidas. La pequeña Ivana ya no está, pero su luz —esa que brilló en sus risas, en sus juegos, en su ternura— sigue viva.
En ese altar, en cada pensamiento, en el abrazo de los suyos. Y en el recuerdo de una comunidad que no quiere, que no puede, olvidarla.
Ivana ya es cielo. Pero en la tierra, su memoria es una semilla de amor que no se extinguirá.




