“TENEMOS QUE SACAR PARA LOS FRIJOLITOS”: DON VICENTE CAMINA POR HORAS BAJO RACHAS DE SOL INTENSO PARA OFRECER SUS BOLIS
Alejandro Daniel García Ferrel

Cada día, cuando el sol apenas asoma entre las azoteas del norte de la ciudad, una figura se perfila entre las sombras con paso firme y corazón grande bajo una historia que es digna de compartir.
Es Don Vicente Tarango, un adulto mayor que empuja con dignidad y esfuerzo su carrito de paletas de hielo, ese modesto vehículo convertido en símbolo de perseverancia, sabor y lucha cotidiana.
Con su gorrita azul, su camisa de color guinda, un cigarrillo en boca y una actitud que derrite más que el sol de abril, Don Vicente recorre incansablemente las calles del norte, poniente y la zona centro.
En cada esquina se detiene, bajo las sombras ofreciendo bolis y paletas de hielo, ese sencillo manjar que refresca la tarde, asegura se vende poco cuando no hay niños en las escuelas.
Sin perder esperanza de tener un buen día, sostiene buenas charlas con los transeúntes, quienes deciden comer más al “señor de los bolis”.
Todo, le permite ganarse el sustento diario, aunque expresa que aveces los días no son buenos, pero “tenemos que sacar para los frijolitos”.
“Esto es lo que me da para comer”, dice con franqueza, mientras acomoda con esmero los sabores de su carrito: fresa, vainilla y, limón…qué asegura es el que más se vende.
Paletas que, más que dulces, son testimonio de una vida de trabajo, de años que no han mermado su espíritu.
Vecinos, comerciantes y estudiantes ya lo conocen. Algunos lo saludan con afecto, otros le compran sin falta, y los más conscientes lo apoyan sabiendo que detrás de cada venta hay una historia que merece respeto y solidaridad.
Don Vicente no pide caridad, ofrece sabor y esfuerzo.., su andar es una llamada silenciosa a la empatía, una invitación a mirar con otros ojos a nuestros venerables ancianos, quienes no siempre tienen una pensión justa ni un descanso merecido, pero sí una fortaleza admirable.
Espera tener buenas ventas en el.circulo del Reloj Pública, donde se instala bajo la sombra, “ya saliendo, grameando, pero sale”, haciendo referencia que vende de poquito en poquito, “pero vendemos para los frijolitos, que no falten”.
En su andar, platica que vive solo en un humilde capital en la colonia Carmona, al sector norte de la ciudad y que sus hijos ya todos tienen sus familias.
Hoy, más que nunca, es momento de tender la mano, de comprarle una paleta, de compartir su historia y, sobre todo, de valorar el ejemplo que nos da.
Porque detrás del carrito de helados, camina un hombre digno que nos enseña, sin decirlo, que la esperanza también se vende en bolsitas de hielo.
Ayudemos a Don Vicente. Ayudemos a nuestros mayores. Ellos ya lo dieron todo. Ahora nos toca a nosotros.
Alejandro Daniel García Ferrel Alex Ferrel



