CANDIDATA A JUEZA PROMUEVE EL VOTO EN TANGA
Alejandro Daniel García Ferrel

#Politica María de Lourdes Ríos Ramírez, candidata a jueza penal por el Distrito Morelos con cabecera en la ciudad de Chihuahua, utiliza fotos en traje de baño para pedir el voto , lo que ha provocado un debate nacional sobre los límites entre la estética, la legalidad, la percepción social y los derechos de las mujeres en el ámbito judicial.
Esa foto, más que su currículum, la convirtió en tendencia. No hay eslogan, no hay propuesta. Hay número de boleta, hashtag, una postura corporal impecable… y silencio informativo.
¿Quién es Lulú Ríos 58?
Es tan poca la información que quizá ni siquiera exista.
Nos dicen las redes:
Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Chihuahua, con cursos en juicios orales, diplomados en Amparo y estudios en Ciencias Forenses. Docente universitaria, litigante con experiencia en diversos estados de la república. Socia de un despacho jurídico. Eso debería bastar para presentar una candidatura seria.
Pero la imagen desplazó la palabra
¿Qué destaca más en una plataforma visual como Instagram? ¿La experiencia jurídica? ¿La claridad procesal? No. El cuerpo, la imagen, el impacto visual inmediato.
No se trata aquí de un juicio moral. Se trata de un análisis jurídico y estructural. ¿Estamos realmente eligiendo a quienes interpretarán la ley en función de sus capacidades, o estamos permitiendo que la percepción estética suplante la racionalidad constitucional?
El caso Lulú Ríos 58 ilustra el riesgo de que la imagen femenina sea, aún en 2025, un instrumento de validación pública. Se habla más de sus piernas que de sus sentencias. Se viraliza su figura más que sus principios jurídicos
¿El cuerpo como campaña?
Esta campaña plantea un conflicto no menor: ¿qué mensaje envía a las nuevas generaciones de abogadas si la vía para ocupar el estrado penal es una buena fotografía? ¿No se convierte esto en una validación del cuerpo sobre la mente? ¿No es acaso el reflejo inverso de lo que tanto lucharon los movimientos feministas: que no sea el físico lo que abra las puertas, sino el mérito y el conocimiento?
Si la elección de jueces es por voto popular, el riesgo es que el proceso se convierta en una pasarela, no en una elección razonada. Elegir a un juez no es elegir a un influencer. Es confiarle la libertad, el patrimonio, incluso la vida procesal de los ciudadanos. Requiere sobriedad, conocimiento, y una ética inquebrantable.
No se trata de censurar la imagen de Ríos Ramírez. Toda mujer tiene derecho a presentarse como desee. Pero también es deber del Estado garantizar que ese derecho no se convierta en un arma de doble filo que la exponga al escarnio público o que refuerce estereotipos.
Debería centrarse el debate en su propuesta judicial, en su concepción de la justicia penal, en sus resoluciones previas, en su conocimiento de la Constitución. ¿Qué piensa del debido proceso? ¿Cuál es su postura sobre la prisión preventiva oficiosa? ¿Cómo interpreta los límites del artículo 16 constitucional?
Eso es lo que deberíamos conocer, no su talla de vestido.
Un llamado al público.
Invito a las lectoras y lectores a compartir esta columna. No para cancelar, sino para reflexionar. No para atacar a una mujer, sino para defender el papel de la mujer en la justicia desde el conocimiento y no desde la imagen.
La elección judicial debe ser seria, informada, fundamentada.
Los jueces no están para gustar, están para decidir. Y sus decisiones deben surgir de la ley, no de la lente.
Porque cuando elegimos en base a la foto, el derecho se vuelve pixel. Y la justicia, filtro.




